MUERTO EN CUSTODIA

A propósito de recientes acontecimientos en Estados Unidos, México y otros escenarios, una autoridad forense comentó: “Para la policía y el sistema penal no existe asunto más difícil e incómodo que un muerto bajo custodia. Con frecuencia ―añadió― la corrupción y la falsa solidaridad profesional obstaculizan la indagación, y a veces anulan la acción de la justicia”.

Los fallecidos bajo custodia son personas que perecen privados de libertad y de la capacidad para decidir por ellos mismos. En tales situaciones su seguridad, salud, y en ocasiones su vida, depende de quienes los custodian, los cuales están obligados a protegerlos.

Es exactamente el caso de Freddy Gray, un joven negro de 25 años, arrestado el pasado 19 de abril en Baltimore en condiciones físicas normales, y que en el momento de ser apresado fue llevado a una camioneta, a la que, aunque esposado, subió por sus propios pies, y una semana después, bajo custodia policial, falleció por graves lesiones en la columna vertebral.

En otro caso todavía hay personas que se preguntan por qué los 43 estudiantes mexicanos de Ayotzinapa, hombres jóvenes y valientes, no opusieron resistencia a sus secuestradores. Para algunos puede haber ocurrido que, en presencia de uniformados que podían haber sido militares o policías, los jóvenes confiaran en ellos.

Las muertes en custodia suelen tener lugar en escenarios y circunstancias en los cuales la prensa, la opinión pública, incluso otros representantes del sistema (jueces y fiscales), no están presentes. Un ciudadano con experiencia penal comentó: “Los detenidos y los condenados sufren maltratos y vejaciones, y en ocasiones, mueren a solas con el “enemigo”, que es quien ofrece la versión de los hechos…”

Las legislaciones de la mayoría de los países suelen considerar “bajo custodia” a las personas detenidas en comisarías o internadas en cárceles, hospicios, juzgados o manicomios sometidos a regímenes judiciales. Se incluyen los vehículos en los cuales los detenidos o internos son trasladados, y los lugares donde trabajan.

Cuando alguna persona muere en tales espacios,¡ es obligatorio llevar a cabo una investigación independiente, realizar la autopsia, y preservar el lugar del hecho. Se consideran “muertos en custodia” incluso aquellos que fallecen mientras reciben asistencia médica en penitenciarias u otras instalaciones de las fuerzas públicas.

Por la naturaleza de su labor, la policía y los operadores de los sistemas carcelarios son investidos por el estado y la ley de poderes excepcionales, de los cuales con frecuencia abusan ensañándose con los detenidos y condenados, cuyos testimonios son poco creíbles y a veces completamente desestimados. Cuestionados sobre tales situaciones, los agentes de la autoridad raras veces admiten alguna culpabilidad.

En estos casos la verdad suele aparecer mediatizada por justificaciones como la fuga, el desacato, la resistencia a la autoridad, y otras. Los cuerpos policiales figuran entre las corporaciones más solidarias que existen. Desobedecer, discutir, acusar o agredir a uno de ellos, significa una declaración de guerra a la fuerza en su conjunto.

En Estados Unidos, donde la policía es excepcionalmente violenta, dispara a matar y, en no pocos casos, está motivada por el racismo contra los negros, la larga y reciente sucesión de hechos de esta naturaleza que se repiten y quedan impunes, ha desatado una intensa confrontación entre los cuerpos armados y las comunidades, que en lugar de solucionar los problemas los agravan.

La reiteración de los hechos en los cuales la intervención de la policía provoca lesiones y muertes violentas, y la evidencia de que las personas bajo custodia policial están en situaciones de riesgo, que alcanza niveles de crisis nacional en Estados Unidos, es una alerta para todos los países. Luego les cuento. Allá nos vemos.

La Habana, 02 de mayo de 2015

© Foundation for Sustainability and Peacemaking in Mesoamerica

  • 512.922.5931
  • 1501 Lisa Rae Drive
  • Round Rock, TX
  • 78665