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MONSEÑOR ROMERO, PASTOR, PROFETA Y MARTIR

Nota introductoria a este capítulo

Este es un capítulo especial para mí, porque lo que voy a transmitir corresponde a mis últimos días en El Salvador y porque, deseo que constituya mi testimonio acerca de mi opinión personal de Mons. Oscar Romero. Yo creo que él es un mártir y que es un santo y sobre todo, que él es el máximo símbolo de las ansias de justicia y de paz de mi pueblo. El simboliza nuestros mejores ideales y nuestras esperanzas. Este capítulo lo escribí en Nicaragua, en los años de exilio en ese bello país para el cual espero mejor suerte.

Alcance de este capítulo

No me es fácil escribir acerca de Mons. Romero. Demasiados hechos y palabras golpean mi memoria, todos ellos relacionados con su vida y la vida del pueblo salvadoreño. Para información del lector, solamente quiero, sin ninguna pretensión, hacer referencia a algunos cuantos de esos hechos y palabras que creo, marcaron su persona y dieron un nuevo sentido histórico a la Iglesia y a nuestro país, El Salvador, a los que sirvió. No pretendo hacer análisis teológicos o presentar una sistematización de su pastoral eminentemente profética. Ese es el trabajo de escrituristas, teólogos y pastoralistas entendidos en la materia.

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