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La república mediatizada, la mayor anomalía en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos

por Guillermo Alvarado

Las apetencias de Estados Unidos por apoderarse de Cuba se incrementaron durante la extensa guerra por la independencia contra el yugo español, librada de manera intermitente por los patriotas cubanos desde 1868 y cuyo punto culminante llegó en la última década de esa centuria.

A pesar de la muerte en combate del Héroe Nacional José Martí, los rebeldes llevaron a una situación desesperada a España, que tenía sobre este archipiélago el mayor ejército jamás desplegado por esa colonia fuera del llamado viejo continente.

Los círculos de poder norteamericanos vieron en ese momento su oportunidad, para lo cual venían preparando a la opinión pública por medio de lo que, quizás, fue el primer ejemplo de guerra mediática en este hemisferio.

La labor la encabezó el magnate de la prensa William Randolph Hearst, y su objetivo era convencer a la ciudadanía estadounidense de la necesidad de combatir contra España y sumar a Cuba a su territorio.

De Hearst se cuenta la anécdota de que en cierta ocasión, descontento por la forma en que un periodista reflejaba la realidad, favorable a la causa independentista cubana, le espetó: “usted ponga las imágenes, que la guerra la pongo yo”.

Tras la misteriosa explosión del buque Maine, en febrero de 1898, la ofensiva mediática se intensificó, con la incorporación de Joseph Pulitzer y, como se conoce, Estados Unidos intervino e impidió la victoria de los mambises cubanos.

Muchas y dolorosas fueron las consecuencias, entre otras que una vez desaparecido el yugo colonial a finales de 1898, Cuba no pudo declarar su independencia y fue hasta 1902 que Estados Unidos estableció un gobierno cubano mediatizado, con las manos atadas por la enmienda Plat, que no era sino una forma de neo colonia.

Este engendro estableció el derecho de Washington de intervenir militarmente en la Isla, además de la posibilidad de apropiarse de territorios para bases navales y carboneras. Allí está justamente el origen de la base ilegal establecida en la bahía de Guantánamo, devenida con el tiempo en campo de torturas y de prisioneros para vergüenza de todo el mundo.

Los inversores estadounidenses aprovecharon para apoderarse de enormes extensiones de terrenos y pronto fueron dueños del 75% de la industria azucarera local, mientras las mafias convirtieron a La Habana en el mayor centro de juegos ilícitos, tráfico de drogas y prostitución.

Bajo el amparo de Estados Unidos, gobiernos corruptos reprimían a los movimientos populares y la violencia política era el principal recurso de las capas dominantes.

¿Podría alguien imaginarse mayor anomalía en las relaciones entre los dos países?

Fue en esta situación que surgió Fidel Castro, el líder capaz de rescatar lo mejor y más puro del pensamiento cubano, elaborado a lo largo de centurias de luchas, y cuya síntesis es que sólo siendo Cuba totalmente libre y soberana, emancipada de cualquier dominación, podría haber un día relaciones normales con su vecino del norte.

De este líder, amigos, cuyo cumpleaños 89 celebraremos este jueves, comentaremos también.

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