Guatemala: desde el grito y la indignación.

La Plaza Central, los parques, las afueras de los edificios de gobierno han sido tomados, ocupados por la gente en la ciudad capital, en Chiquimula, en Xela, en Cobán, en la Universidad.

Muchos años habían pasado sin que esto ocurriera desde los sectores de clase media y urbana, de esta manera quizá las jornadas para exigir la rebaja al costo del trasporte urbano en el año 1999. Y de manera masiva quizá para marzo y abril de 1962.

La historia nos ha mostrado que salir a la calle, ocupar los espacios públicos, movilizarse, organizarse tienen sentido de transformación. Protestar, expresarse, perder el miedo gritar o sonar trompetas y asumir el reto de tomar la vida en nuestras manos es un acto hermoso cuando es colectivo y más si es masivo.

En el espacio público podemos retomar simbólicamente la voz, gritando, bailando, riendo para ser oídas. Este es el ejemplo de las movilizaciones del 25A que han pedido ‪#‎RenunciaYa después de la crisis institucional que vive el gobierno y de que han sido evidenciadas las redes criminales y de corrupción que rodean a los grupos de poder militar, corporativo, gubernamental, judicial entre otros.

Las manifestaciones pacíficas en este período gubernamental han sido ejemplares como en La Puya, Barillas, San Juan Sacatepéquez, San Rafael Las Flores, Santa Eulalia, Totonicapán, con la diferencia de que han sido fuertamente reprimidas y perseguidas con fuerza militar.

Recien el presidente Otto Pérez Molina anunció la renuncia de Roxana Baldetti a su cargo de vicepresidenta, una de las exigencias populares.

Nos encontramos en un momento crucial en donde el grito es necesario, el grito que proviene de la indignación y de la necesidad de romper el miedo a expresar las ideas. Guatemala no será la misma desde que hemos perdido el miedo colectivamente.

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