GRECIA: VOTOS Y EUROS

En el referéndum del pasado domingo, el primer ministro griego Alexis Tsipras consiguió el 61 por ciento de los votos, una mayoría que reforzó su posición política interna. Ahora necesita los euros. Lo uno no proporciona lo otro.

Según el jefe del gobierno griego: “El referéndum no se realizó contra Europa ni para decidir la salida de la Unión Europea o de la eurozona, sino para reforzar la capacidad negociadora, con las instituciones europeas…” La “troika”, aunque tomó nota del resultado, no varió sus posiciones. Cortó el flujo de dinero y obligó al cierre de los bancos griegos.

Debido a que el tiempo se ha agotado en las próximas horas pueden presentarse dos escenarios:

1- Grecia cede y presenta un pedido de rescate satisfactorio para sus acreedores, recibe un nuevo préstamo y todo sigue más o menos igual, al menos por un tiempo.

2- Grecia no cede y sus acreedores tampoco y el país helénico sale de la zona euro y probablemente de la Unión Europea y sin liquidez, afronta una situación inédita.

Por las gestiones del gobierno griego desde el referéndum, es evidente que se abre paso la primera opción. De hecho Tsipras ha oficializado el pedido de un nuevo rescate (el tercero desde 2010), comprometiéndose a aceptar algunas de las medidas llamadas de austeridad impuesta por los acreedores.

El nuevo rescate solicitado por Grecia puede ascender a unos 60. 000 millones de dólares que, (nadie sabe cómo) se compromete a pagar en tres años. Los acreedores, exigen a Grecia no declaraciones, sino un detallado plan de medidas, advirtiendo que es la última oportunidad. Para honrar semejante compromiso, el mismo gobierno que pidió el No, dice Si y acepta lo que quería evitar.

En cualquier caso el gobierno de Tsipras que obtuvo capital político con la victoria en el referéndum, logra un alivio temporal y gana tiempo. Tres años no son mucho pero ofrecen un margen aceptable.

Debido a que no hay “quita” ni condonación de la deuda, el nuevo rescate se suma a los 441. 000 millones de dólares a que asciende la deuda pública helena, que ya representa el 180 por ciento de su producto bruto interno.

Se trata de un drama sin final feliz. Grecia con su economía en caída libre, en lugar de menos, deberá pagar más y, para obtener recursos, su gobierno no podrá evadir drásticas medidas de reducción del gasto público.

Para los países de Europa Occidental, en especial Alemania, Francia, Italia, Bélgica, Dinamarca, Suecia, fundadores de la Unión Europa y cuya solvencia la sostiene, se trata no tanto de salvar a Grecia, como de salvar aquel proyecto que, por otra parte, es un pilar de su hegemonía y de la estabilidad política de cada uno de ellos.

Ángela Merkel, Françoise Hollande, Jean-Claude Juncker, Christine Lagarde y Mario Draghi, canciller de Alemania y presidentes de Francia, la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo, respectivamente, deberán decidir si apuestan por el Euro y la Unión Europea o asumen la responsabilidad histórica de ser los sepultureros del más grandioso proyecto político europeo. Allá nos vemos.

La Habana, 11 de julio de 2015

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