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ESTADOS UNIDOS: LA REPÚBLICA

Admitámoslo: Estados Unidos, nuestro vecino y según ha proclamado recientemente John Kerry, presunto ex adversario, ha desempeñado un papel central en la historia de Cuba. Ellos diseñaron el estado y las instituciones de la Republica y fomentaron su modelo económico. No hay manera de lavarse las manos. También comparten responsabilidad por el fracaso.

El desembarco de Estados Unidos en Cuba en 1898 fue unilateral. Los jefes del Ejercito Libertador no intervinieron en esa decisión. No obstante, colaboraron con las tropas norteamericanas, y participaron en la administración instalada en la Isla. Los cuatro años de ocupación transcurrieron en razonable armonía.

Por órdenes del gobernador y bajo su supervisión se efectuaron elecciones municipales y para la Asamblea Constituyente y se redactó la Constitución, exactamente la que Estados Unidos quiso. Las cosas marchaban relativamente bien y parecía que a las puertas del siglo XX, en una isla bendecida por la naturaleza, con una magnifica élite de patricios y un pueblo humilde y bueno, florecería la democracia y el bienestar.

La madre de todas las contradicciones surgió cuando inesperadamente, sin argumentos ni razones, Estados Unidos concibió e impuso la Enmienda Platt, que envenenó las relaciones de la potencia con Cuba y sus elites avanzadas a lo largo de los 56 años de existencia de la primera república y todavía hoy proyecta su nefasta sombra.

Para colmo de las inconsecuencias, la Enmienda fue utilizada no sólo para limitar la soberanía de Cuba, sino que se apeló a ella para involucrarse en la política doméstica. En 1906, cuatro años después de instada la República, su primer presidente, un general mambí electo bajo la ocupación, protagonizó un conato electoral, y ante la reacción en su contra, llamó a los americanos, que de modo insólito protagonizaron la segunda intervención.

En presidente McKinley envió a Cuba, en calidad de “gobernador provisional”, nada menos que a su secretario de guerra, William Taft. En 1912, con motivo de otro conflicto interno, siendo presidente, el propio Taft, envió a los acorazados.

Al amparo de tal estado de cosas la República se convirtió en una caricatura, donde un diseño de estado y de sistema político idéntico al de Estados Unidos funcionaba sobre la base de las prácticas típicas de las repúblicas bananeras, convirtiéndose no en la democracia legítima y próspera que pudo ser, sino en un paraíso no solo para los capitales norteamericanos, sino también para las mafias y los politiqueros vernáculos.

En ese período decisivo, Estados Unidos no hizo nada para influir positivamente en Cuba, y entronizar, en la sociedad que emergía del colonialismo y la ocupación por sus tropas, las prácticas democráticas y la eficiencia administrativa y económica que lo caracterizan. Todo lo contrario. Cien años después de haber debutado en América Latina, aparecieron en Cuba los dictadores, primero Gerardo Machado, y luego Fulgencio Batista.

No obstante, no solo es de sombras esa historia, en la que también hubo luces y éxitos económicos, productivos, y culturales relevantes que forman parte de nuestra historia. En aquellos cincuenta años se forjó la conciencia nacional, se desarrollaron las clases populares, creció una intelectualidad comprometida con el país, y aparecieron los líderes y las organizaciones, cuya predica y acción abrirían caminos.

Respecto a Estados Unidos se creó una relación pueblo a pueblo que ha sobrevivido a todos los avatares.

El saldo general convirtió en indefendible a la república cubana. La Revolución respondió al golpe de estado de Batista en 1952, a la espeluznante situación económica que afectaba a las grandes masas del país, y a la oprobiosa dictadura, evidenciando el colapso del modelo político que diseñaron y prohijaron los Estados Unidos.

El fracaso de la República cubana que por culpa de la Enmienda Platt nació torcida, no es sólo de los cubanos, sino también, los Estados Unidos. Se trata de una historia que está por escribir. Tal vez la tan deseada normalización ayude a colocar cada pieza en su lugar. Luego les cuento más. Allá nos vemos.

La Habana, 16 de agosto de 2015

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