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Colau pide a los barceloneses que sean exigentes

La alcaldesa de Barcelona les interpela: «Echadnos si no hacemos lo que dijimos». La plaza Sant Jaume se convierte en una fiesta que se hace oír dentro del pleno

EL PERIÓDICO - CRISTINA BUESA - DOMINGO, 14 DE JUNIO DEL 2015

MONCADA

El 'president' Mas dirige unas palabras a la alcaldesa, ante la presencia de Trias. DANNY CAMINAL / JOAN CORTADELLAS

Pasadas las nueve de la noche todavía quedaban cientos de personas en la plaza de Sant Jaume. El suelo era una alfombra de confeti. Había quien aún preguntaba si volvería a salir la alcaldesa para saludar. Todo este público entregado, que siguió durante más de cuatro horas el acto de investidura de la primera mujer que dirigirá la ciudad de Barcelona, fue el principal destinatario de las palabras de Ada Colau: «Somos conscientes de la complejidad, no será fácil, pero la exigencia ciudadana se debe convertir en empuje: Echadnos si no hacemos lo que dijimos que haríamos», les invitó.

Esa fue solo una de las interpelaciones directas de la alcaldesa durante su largo discurso de toma de posesión. Toda su intervención se sustentó a partes iguales en reivindicar el triunfo popular «frente a los poderes de siempre» y en el compromiso de cambiar las formas de hacer política, «porque la gente ya no se conforma con votar cada cuatro años». Y la escenografía fue un ejemplo claro de que Barcelona en Comú (BC) pretende ser distinta a todo lo que ha pasado hasta ahora en el ayuntamiento de la capital.

LA GENTE, PROTAGONISTA

para empezar, el llamamiento para que los barceloneses ocuparan Sant Jaume fue un éxito. Tanto, que ese gentío fue un protagonista más del Saló de Cent, donde se celebraba la investidura. Tal era el volumen de personas que vitoreaban o abucheaban desde la plaza a quienes intervenían en el acto que parecía que estuvieran dentro, hasta extremos de poca cortesía, como los que tuvieron con los representantes de CiU, Ciutadans o el PP.

Con ERC, PSC y la CUP, tal vez porque gracias a sus votos (en total 21) habían encumbrado a Colau como alcaldesa con mayoría absoluta, fueron indulgentes. Había nervios entre los 41 concejales, sobre todo entre los 26 que estrenaban responsabilidad, aunque reinó el buen tono en los discursos de los presidentes de los siete grupos municipales, también entre la alcaldesa y el alcalde saliente, Xavier Trias, en el más puro estilo barcelonés de hacer política.

OPOSICIÓN EXIGENTE

La alcaldesa firma los primeros decretos en su despacho, anoche. DANNY CAMINAL / JOAN CORTADELLAS

De hecho, el ahora jefe del principal partido de la oposición, CiU, avisó a Colau de que serán «exigentes, responsables pero también positivos». Aunque Trias también pidió que «la ciudad no se pare». «Si fuera así -advirtió-, seremos críticos». La líder de BC subrayó varias veces que pretendía ser la alcaldesa de todos: «De los vecinos que nos han votado y de los que no».

De hecho, el experimentado jefe de filas del PPC, Alberto Fernández, había alertado a BC que el gobierno municipal «nunca había sido tan débil» y que con 11 concejales tenían «la minoría más absoluta de la historia de la ciudad». Las apelaciones al diálogo trufaron gran parte de los comentarios de los portavoces de los grupos, algo que Colau ha encajado que es uno de los mandatos que le han expresado las urnas.

VOTO POR LOS MATICES

«Ha habido un voto por el cambio pero también por el diálogo, la pluralidad, los matices y las diferencias. Estamos para mandar obedeciendo a la ciudadanía», sostuvo en su parlamento. Consciente igualmente de que su aterrizaje en la Casa Gran suscita recelos entre algunos ámbitos, la alcaldesa se defendió: «No somos demagogos ni somos unos ingenuos, somos plenamente conscientes de lo que queremos hacer». Por eso, al salir después a la plaza, uno de los gritos más aplaudidos fue el de «Ada, sí nos representas!», en contraposición a una de las consignas habituales del 15-M que rezaba: «No nos representan!».

Muchas de estas personas procedían de movimientos sociales y entidades vecinales a las que ayer también se quiso dar un papel preponderante. El presidente de la Federació d'Asssociacions de Veïns de Barcelona, Lluís Rabell, estaba en primera fila junto a la presidenta de la Taula del Tercer Sector, Àngels Guiteras, y el presidente de la Plataforma per al Transport Públic (PTP), Ricard Riol. También estaba la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), entidad de la que Colau fue portavoz y a la que mencionó.

Colau levanta la vara de alcaldesa ante la mirada del secretario municipal, ayer. DANNY CAMINAL / JOAN CORTADELLAS

ODA A LA ALEGRÍA

Reivindicativa de su origen humilde y de su pasado activista, la alcaldesa quiso referirse a la gente que lo ha pasado peor, muchos de los cuales la aclamaban desde la plaza sin desfallecer. «Esto no es solo un cambio político, sino que debe serlo también del estado de ánimo. Hemos vivido en la angustia, el desánimo, la depresión.

Nos han hecho creer que teníamos la culpa de lo que pasaba, pero ahora el cambio debe traer alegría y una afirmación de la vida. Hemos dicho que sí se podía», culminó.

Tras su discurso en el ayuntamiento atravesó la plaza. Una plaza sin vallas que contuvieran a la gente por expreso deseo suyo. La gente la animaba, la llamaba por el nombre, la llenaba de confeti.

Tras cruzar Sant Jaume e intercambiar cuatro frases con el president Artur Mas volvió a la fachada del consistorio y se dirigió de nuevo a sus seguidores: «Nuestra fuerza será la gente, seréis vosotros. No nos dejéis solos». Y con la euforia aún viva, algunos de los recién llegados admitían que ya notaban el peso de la responsabilidad.

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