ESTADOS UNIDOS CONTRA ESTADOS UNIDOS

En materia bilateral, entre Cuba y los Estados Unidos, el hecho político más relevante ocurrido en medio siglo es el restablecimiento del diálogo. La negociación y la búsqueda de soluciones por vía pacífica figuran entre las esencias más profundas de la política y del derecho internacional. El entendimiento es más fecundo cuando, como ocurre ahora, prevalece el principio de “Igualdad Soberana de los Estados”.

El reencuentro político entre Cuba y los Estados Unidos es más prometedor porque proviene no de hechos fortuitos, no procura ventajas circunstanciales ni obliga a las partes a deponer sus principios, sino que es resultado de la maduración de procesos y de evidencias acumuladas a lo largo de más de 200 años de historia.

No es la primera vez que Estados Unidos cambia su enfoque respecto a Cuba. Antes de la Independencia, Benjamín Franklin aconsejaba a Inglaterra que se apoderara de Cuba y prácticamente todos los presidentes norteamericanos de Thomas Jefferson (1801-1809) a William McKinley (1898-1901), de alguna manera tuvieron el tema de la anexión en su agenda.

Algunos como John Quincy Adams (1825-1829) lo consideraron un “hecho natural”: “…Separada de España (Cuba) tiene que gravitar hacia la Unión…” y James Monroe, (1817-1825), la asumía como una transacción: “Agregar a Cuba…Siempre lo miré como la adquisición más interesante para nuestro sistema de estado…” James Polk, (1845-1849), ofreció comprar la Isla por 100 millones de dólares. Algo semejante intentaron, Franklin Pierce (1853-1857), James Buchanan (1857-1861), Ulysses Grant (1869-1877), incluso William McKinley (1897-1901).

El primero y más trascendental de los cambios en esa estrategia política lo introdujo el Congreso de los Estados Unidos que el 19 de abril de 1898, adoptó la Resolución Conjunta mediante la cual estableció, inequívocamente que: “…El pueblo de Cuba es y de derecho, debe ser libre e independiente…"

No obstante, en un acto de inconsecuencia política, el mismo Congreso que aprobó aquella resolución, cuatro años después, el 28 de febrero de 1901 votó la Enmienda Platt que cercenó la independencia de la República forjada en las luchas por la independencia, aunque alcanzada bajo la ocupación norteamericana en 1902.

Otro cambio, aunque que de escasa trascendencia real, se produjo en 1934, cuando, bajo la doctrina de buena vecindad, impulsada por el presidente Franklin D. Roosevelt, la Enmienda Platt fue abolida.

El resto de la historia es más conocido. En 1959, a partir de una extraña lectura de los hechos reales, cuando la Revolución Cubana daba sus primeros pasos y mucho antes de que se manifestara cualquier definición ideológica respecto al socialismo y la Unión Soviética, la administración Eisenhower reaccionó con desmesura frente a Fidel Castro, que incluso aquel año viajó a Estados Unidos para tratar de exponer sus razones.

Después de más de 50 años de intensa confrontación, Barack Obama acaba de dar un giro en dirección a la normalización en la cual, hasta ahora, no es acompañado por el Congreso que le escatima hasta los fondos para la embajada en La Habana.

Aunque la tirantez entre el legislativo y la Casa Blanca, no alude solo a Cuba, es un estorbo que, más temprano que tarde, será removido. El desencuentro entre ambas entidades recuerda una confrontación de Estados Unidos contra Estados Unidos. ¡Ya se arreglarán! Allá nos vemos.

La Habana, 23 de julio de 2015

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