EL EQUÍVOCO GRIEGO

Como resultado de una arriesgada pirueta política, Alexis Tsipras, primer ministro de Grecia y líder del partido Syriza, de opositor a la “Troika” europea ha pasado a ser administrador de sus políticas de “austeridad”. Al colocarse a la derecha de la izquierda es confrontado por simpatizantes de su propio partido, por elementos del gobierno que conduce, y por el pueblo que hace unos días apoyó su pedido de votar NO.

El líder de la nueva izquierda griega no se ha rendido, traicionado su causa, ni abandonado la lucha, sino que cometió el error político de creer que con una manifestación de masas, expresión de la mayoría del pueblo griego, podía presionar a la “Troika”, y obtener un mejor acuerdo de refinanciación de la deuda de su país.

La historia es conocida. Con el aval de haber obtenido más del 61 por ciento de los votos, Tsipras acudió a la mesa de negociaciones con la Comisión Europea, el Banco Central, y el Fondo Monetario Internacional para percatarse de la total indiferencia de aquellas instituciones ante la voluntad del pueblo.

En lugar de aflojar, la “Troika” endureció sus posiciones, y puso a Grecia contra las cuerdas: en 72 horas debía decidir si aceptaba la propuesta basada en medidas de austeridad extrema o salía de la zona euro.

Debido a la desconfianza ante el gobierno de Tsipras, la “Troika” exigió un debate en el parlamento local que convirtiera en ley el compromiso, lo cual colocó a Syriza ante la paradoja de aceptar el respaldo de la oposición, incluida la extrema derecha, y asumir la crítica de sus partidarios.

El primer dato revelador de la crisis interna que se avecinaba fue la renuncia del ministro de economía y arquitecto de la resistencia, Yanis Varoufakis, y varios altos funcionarios del gobierno que forman el núcleo duro de Syriza, y el voto en contra de alrededor de 40 diputados del partido. Para colmo, la violencia de las manifestaciones en las calles obliga a Tsipras a reprimir a sus partidarios.

Asediado por la derecha y rechazado por la izquierda, el gobierno de Alexis Tsipras tiene ante si tres tareas: (1) recibir los préstamos otorgados y echar a andar el país, (2) implementar rápidamente el abultado pliego de demandas impuesto por las instituciones europeas y (3) realizar el control de daños al interior de sus filas, y tratar de salvar lo que pueda ser salvado.

La situación será dura para el pueblo griego, exigirá enormes sacrificios, el sector público de la economía virtualmente desaparecerá con las privatizaciones por 50 000 millones, y no sería extraño que la coalición gubernamental se deshaga. De ser forzado a convocar a elecciones anticipadas, está por ver cuáles serían los argumentos de Syriza.

Para la izquierda queda la alerta acerca de los límites del poder electoral, y para los estados una advertencia sobre el peligro que representa contraer ciertos compromisos. Parafraseando a un patriota cubano: A veces es preferible “subir o caer solos que contraer deudas de gratitud con vecinos poderosos”. Allá nos vemos.

La Habana, 17 de julio de 2015

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